28 septiembre 2026

Dificultades de atención en Educación Primaria: Cuándo preocuparnos y cómo intervenir

 


Reseña resumen.


Esta entrada ha sido elaborada por Carmen Lucía Reina Reina, orientadora y coordinadora del EOE de Estepa. En ella se abordan las dificultades de atención en Educación Primaria desde una perspectiva preventiva, educativa e inclusiva, ofreciendo claves para identificar cuándo una dificultad puede formar parte del desarrollo o estar condicionada por el contexto y cuándo conviene profundizar en su valoración. Se incluyen, además, estrategias prácticas para el profesorado y las familias, así como orientaciones para evitar identificaciones precipitadas con el TDAH.


Introducción

“Se distrae con cualquier cosa”, “hay que repetirle continuamente lo que tiene que hacer”, “empieza las tareas, pero no las termina”, “parece que no escucha”...

Estas expresiones son habituales tanto en las aulas de Educación Primaria como en las conversaciones con las familias. Las dificultades para mantener la atención constituyen, de hecho, uno de los motivos frecuentes de consulta a los profesionales de la orientación.

Sin embargo, tener dificultades de atención no significa necesariamente presentar un trastorno.

La capacidad de atender se desarrolla progresivamente y puede verse condicionada por numerosos factores: la edad y el momento evolutivo, el interés que despierta una actividad, su duración y dificultad, el cansancio, el sueño, el estado emocional, el estilo de aprendizaje, la metodología utilizada o las características del contexto escolar y familiar.

Por ello, desde el Equipo de Orientación Educativa abordamos estas dificultades desde un enfoque preventivo, educativo e inclusivo, entendiendo la atención como una habilidad que puede enseñarse, entrenarse y mejorar mediante apoyos ajustados y coherentes.


1.    ¿Qué entendemos por atención?

Atender no consiste simplemente en “estar quieto” o “mirar al profesor”.

La atención nos permite seleccionar la información importante, mantenernos centrados durante un determinado periodo de tiempo, ignorar estímulos irrelevantes y dirigir nuestros recursos hacia aquello que estamos haciendo.

Además, las demandas atencionales cambian dependiendo de la tarea. No requiere el mismo esfuerzo escuchar una historia interesante que resolver un problema matemático, copiar información, seguir varias instrucciones consecutivas o realizar una actividad larga y repetitiva.

Por eso, cuando un alumno o alumna presenta dificultades, la primera pregunta no debería ser únicamente:

“¿Por qué no atiende?”

También deberíamos preguntarnos:

¿Cuándo consigue atender? ¿En qué situaciones? ¿Durante cuánto tiempo? ¿Qué tipo de tarea está realizando? ¿Qué ocurre antes de que se distraiga? ¿Qué apoyos le ayudan a concentrarse?

Este cambio de perspectiva nos proporciona mucha más información y nos ayuda a ajustar mejor la respuesta educativa.


2.    Señales de alerta que podemos observar en el aula

Algunas manifestaciones pueden indicarnos que debemos prestar especial atención:

  • Dificultad frecuente para mantener la atención en tareas adecuadas a su edad.
  • Distracción ante estímulos poco relevantes.
  • Problemas para seguir instrucciones.
  • Necesidad constante de repetir las consignas.
  • Dificultad para finalizar las actividades.
  • Desorganización frecuente del material.
  • Olvidos habituales.
  • Ritmo de trabajo muy irregular.
  • Escasa persistencia cuando una tarea requiere esfuerzo.
  • Comenzar una actividad y abandonarla rápidamente para pasar a otra.

Sin embargo, ninguna de estas conductas, considerada de forma aislada, permite concluir que exista un trastorno.

Debemos analizar siempre su frecuencia, intensidad y duración, así como la repercusión que tienen en los aprendizajes. También es importante observar en qué contextos aparecen y qué características tienen las tareas en las que se producen.


3.    ¿Cuándo debemos preocuparnos?

Más que fijarnos en una conducta puntual, debemos observar si existe un patrón persistente de dificultades.

Conviene prestar especial atención cuando:

  • Las dificultades se mantienen en el tiempo

No hablamos de unos días especialmente complicados, de una etapa puntual o de una dificultad relacionada exclusivamente con determinadas circunstancias.

  • Aparecen con mucha frecuencia

Las dificultades forman parte del funcionamiento habitual del alumno o alumna y no constituyen situaciones aisladas.

  • Son significativas para su edad

La capacidad para mantener la atención aumenta progresivamente con el desarrollo. Por ello, las expectativas deben ser siempre adecuadas a la edad y al momento evolutivo.

  • Interfieren en el aprendizaje

Las dificultades impiden seguir explicaciones, comprender o ejecutar instrucciones, finalizar las actividades, organizar el trabajo o demostrar adecuadamente lo aprendido.

  • Se observan en diferentes situaciones

La información aportada por la escuela debe complementarse con la de la familia y, cuando resulte pertinente, con la procedente de otros contextos.

  • Persisten a pesar de las medidas educativas

Este aspecto resulta especialmente importante.

Si un alumno mejora claramente cuando fragmentamos las tareas, reducimos distractores, hacemos visible el tiempo o proporcionamos instrucciones más claras, esa respuesta también nos proporciona información muy valiosa.


4.    Dificultades de atención no significa TDAH

Uno de los errores que debemos evitar es identificar automáticamente las dificultades de atención con un Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).

Es normal que los niños y niñas tengan momentos en los que les resulte más difícil concentrarse, organizarse o mantener la atención. Además, existen numerosas circunstancias que pueden producir manifestaciones parecidas: falta de sueño, cansancio, ansiedad, preocupaciones emocionales, determinadas dificultades de aprendizaje o de lenguaje, características de la tarea o situaciones personales y familiares.

Por ello, que un alumno se distraiga mucho no significa que tenga TDAH.

Cuando existe sospecha de TDAH, es necesario realizar una valoración profesional que contemple el funcionamiento global del niño o niña. No existe una única prueba que, por sí sola, permita establecer el diagnóstico.

Para considerar la posibilidad de este trastorno debe existir un patrón persistente de inatención y/o hiperactividad-impulsividad, no acorde con el nivel de desarrollo, que interfiera significativamente en el funcionamiento cotidiano. Además, la valoración debe tener en cuenta la presencia de los síntomas en diferentes contextos.

La información aportada por el profesorado es, por tanto, muy importante, pero en la escuela no se realiza un diagnóstico clínico de TDAH.

Antes de atribuir una dificultad al TDAH, podemos preguntarnos:

  • ¿Duerme suficientemente y tiene un descanso adecuado?
  • ¿La dificultad aparece en todas las tareas o especialmente en las más largas, complejas o poco motivadoras?
  • ¿Comprende correctamente las instrucciones?
  • ¿Existen dificultades de aprendizaje que puedan explicar parte de su comportamiento?
  • ¿Hay preocupaciones o factores emocionales que puedan estar interfiriendo?
  • ¿Ocurre únicamente en el colegio o también en otros contextos?
  • ¿Qué sucede cuando modificamos la organización de la tarea y proporcionamos apoyos?

☝ Idea clave

Observar dificultades de atención nos indica que debemos comprender mejor qué necesita ese alumno o alumna, pero no necesariamente hay que ponerle una etiqueta.



5.    Antes de pensar en una evaluación: observar e intervenir

La detección de las dificultades debe realizarse de forma temprana, sistemática y coordinada, evitando interpretaciones precipitadas.

El profesorado dispone de una fuente de información privilegiada: la observación cotidiana en el aula.

Antes de adoptar decisiones, podemos preguntarnos:

  • ¿Sucede en todas las áreas o especialmente en algunas?
  • ¿Atiende mejor individualmente, en pequeño grupo o en gran grupo?
  • ¿Influye la posición que ocupa en el aula?
  • ¿Mejora cuando recibe las instrucciones de una en una?
  • ¿Mantiene mejor la atención en actividades manipulativas?
  • ¿Se distrae especialmente en las tareas largas?
  • ¿Es capaz de concentrarse durante bastante tiempo cuando algo le interesa?
  • ¿Hay determinados momentos del día en los que aumentan las dificultades?
  • ¿Qué estrategias hemos probado?
  • ¿Con cuáles hemos observado una mejoría?

Estas preguntas nos permiten pasar de una impresión general de “no atiende” a una descripción mucho más precisa de cómo funciona realmente su atención.


6.     ¿Qué podemos hacer desde el aula?


6.1. Reducir los distractores

No podemos ni debemos convertir el aula en un espacio carente de estímulos. Sí podemos ayudar a determinados alumnos a identificar con mayor claridad dónde deben dirigir su atención.

Algunas medidas sencillas son:

  • Ubicar al alumnado cerca del profesorado cuando resulte necesario.
  • Reducir estímulos visuales y auditivos irrelevantes durante determinadas tareas.
  • Utilizar una señal discreta previamente acordada para recuperar la atención.
  • Presentar la información importante de forma explícita.
  • Utilizar apoyos visuales: listas, esquemas, post-it, gestos o imágenes.
  • Evitar mantener sobre la mesa materiales que no van a utilizarse.

La finalidad no es aislar al alumno, sino facilitarle el acceso a la información relevante.


6.2. Dar instrucciones breves, claras y secuenciadas

Una instrucción excesivamente larga puede perderse antes incluso de comenzar la actividad.

Podemos:

  • Utilizar frases breves.
  • Dar las consignas paso a paso.
  • Acompañarlas de apoyo escrito o visual cuando sea necesario.
  • Pedir al alumno que explique qué tiene que hacer, en lugar de limitarnos a preguntar: “¿Lo has entendido?”.
  • Introducir autoinstrucciones mediante palabras clave o imágenes.

Por ejemplo:

1. Leo → 2. Subrayo → 3. Respondo → 4. Reviso


6.3. Hacer visible el tiempo

“Trabaja un rato” es una indicación abstracta.

Un reloj visual, temporizador, cronómetro o reloj de arena permite saber cuánto tiempo queda y convierte una tarea aparentemente interminable en una meta concreta.

Podemos comenzar con periodos breves de trabajo concentrado e incrementar progresivamente su duración.


6.4. Dividir las tareas

Una actividad extensa puede resultar abrumadora. Dividirla en partes pequeñas permite establecer metas inmediatas y alcanzables.

En lugar de:

“Termina toda la ficha”.

Podemos decir:

“Haz primero estos cuatro ejercicios. Cuando termines, los revisamos y seguimos”.

No estamos reduciendo necesariamente el aprendizaje esperado. Estamos organizando el camino para llegar hasta él.


6.5. Reforzar el esfuerzo

El feedback debe ser frecuente, inmediato y específico.

En lugar de limitarnos a decir:

“Muy bien”.

Podemos utilizar:

“Has conseguido terminar los cuatro ejercicios sin levantarte y has revisado las respuestas antes de entregarlos”.

Así ayudamos al alumnado a identificar qué conducta concreta está realizando adecuadamente y queremos que aprenda a repetir.

Siempre que sea posible, debemos priorizar los refuerzos positivos frente a los castigos.


7.    Enseñar a organizarse también es intervenir

En ocasiones atribuimos exclusivamente a la falta de atención comportamientos que también están relacionados con dificultades de organización o autorregulación.

Por ello, podemos reservar pequeños momentos para:

  • Preparar el material necesario.
  • Comprobar la agenda.
  • Ordenar la mesa.
  • Anticipar cambios.
  • Revisar qué actividades quedan pendientes.
  • Utilizar carpetas o bandejas diferenciadas para “pendiente”, “en proceso” y “terminado”.
  • Emplear listas de comprobación o checklists.
  • Destacar los aspectos importantes mediante colores o marcadores.
  • Mostrar procedimientos paso a paso.

También puede resultar útil favorecer el apoyo entre iguales y asignar pequeñas responsabilidades en el aula.

El objetivo final es que estos apoyos externos vayan dando paso progresivamente a estrategias de autorregulación cada vez más autónomas.



8.    Actividades para favorecer la atención

Entrenar la atención no significa necesariamente realizar fichas específicas ni crear una “hora de atención”.

Podemos hacerlo de forma natural dentro de las actividades escolares.

    8.1. Atención visual

  • Buscar diferencias.
  • Localizar un elemento concreto en una imagen.
  • Buscar determinada información en un texto.
  • Sopas de letras adaptadas a la edad.
  • Puzles y tangram.

    8.2. Atención auditiva

  • Escuchar una breve historia y responder preguntas concretas.
  • Repetir secuencias de sonidos.
  • Reproducir palabras o palmadas siguiendo un orden.
  • Identificar determinados sonidos.

    8.3. Seguimiento de instrucciones

  • Dar consignas que incorporen progresivamente varios pasos.
  • Juegos como “Simón dice”.
  • Actividades de movimiento siguiendo instrucciones.

    8.4. Lectura

  • Subrayar palabras clave.
  • Localizar las ideas principales.
  • Buscar información concreta.
  • Marcar determinados elementos dentro de un texto.

8.5. Matemáticas

  • Destacar los datos relevantes de un problema.
  • Diferenciar información necesaria e innecesaria.
  • Utilizar una secuencia visual de pasos para resolver problemas.

8.6. Recursos lúdicos

El juego constituye una magnífica oportunidad para trabajar la atención:

  • Memory.
  • Dominó.
  • Juegos de cartas.
  • Puzles.
  • Construcciones.
  • Juegos que requieren respetar turnos.
  • Material manipulativo de Lengua y Matemáticas.

También podemos utilizar tarjetas de autocontrol con preguntas sencillas:

¿Estoy atento?

¿Qué toca ahora?

¿He terminado?

¿He revisado?

Lo importante no es acumular ejercicios de atención, sino ayudar al alumnado a dirigir conscientemente su atención dentro de situaciones reales de aprendizaje.


9.    ¿Qué podemos hacer desde casa?

En casa tampoco necesitamos convertir cada tarde en una sesión de entrenamiento.

Las actividades cotidianas proporcionan numerosas oportunidades para favorecer la atención y la autonomía.

Algunas recomendaciones son:

  • Preparar previamente el material necesario antes de comenzar.
  • Disponer de un espacio tranquilo y con pocos distractores.
  • Proponer actividades cortas y estructuradas.
  • Dividir las tareas cuando sea necesario.
  • Supervisar inicialmente el trabajo y retirar progresivamente la ayuda.
  • Dar instrucciones breves y de una en una.
  • Establecer pequeños descansos.
  • Cambiar de actividad cuando aparezcan signos claros de cansancio.
  • Incrementar progresivamente el tiempo de trabajo autónomo.
  • Reforzar especialmente el esfuerzo y la constancia, no únicamente el resultado.

También podemos favorecer la atención mediante actividades cotidianas:

  • Jugar a juegos de mesa en familia.
  • Realizar una lectura compartida y formular preguntas.
  • Cocinar siguiendo los pasos de una receta.
  • Organizar la mochila.
  • Ordenar conjuntamente el escritorio.
  • Preparar lo necesario para el día siguiente.

El objetivo no es que el adulto permanezca continuamente detrás del niño recordándole qué debe hacer, sino proporcionarle inicialmente la estructura necesaria para que pueda ir adquiriendo autonomía.


10.    ¿Cuándo interviene el EOE?

Cuando las dificultades persisten, repercuten significativamente en el aprendizaje y las medidas educativas aplicadas no resultan suficientes, puede ser necesario profundizar en su análisis.

La información aportada por el profesorado y la familia, junto con el seguimiento de las medidas previamente implementadas, resulta fundamental para conocer las necesidades del alumno.

Cuando proceda, podrá valorarse la necesidad de una evaluación psicopedagógica.

La finalidad de esta evaluación no es colocar una etiqueta, sino comprender mejor las necesidades del alumno o alumna y orientar la respuesta educativa más adecuada.

La coordinación entre profesorado, familia y Equipo de Orientación Educativa constituye, por tanto, una pieza esencial de todo el proceso.


⇨ Antes de decir “no atiende”: una pequeña lista de comprobación

Antes de concluir que un alumno presenta una dificultad importante de atención, podemos preguntarnos:

☐ ¿La tarea es adecuada a su edad y nivel de competencia?

☐ ¿La instrucción ha sido suficientemente breve y clara?

☐ ¿Sabe exactamente qué tiene que hacer?

☐ ¿Hemos dividido una actividad larga en pequeños pasos?

☐ ¿Dispone únicamente del material que necesita?

☐ ¿Existen distractores que podamos reducir?

☐ ¿Puede visualizar cuánto tiempo tiene que trabajar?

☐ ¿Hemos previsto pequeños descansos?

☐ ¿Recibe feedback sobre sus avances?

☐ ¿Hemos observado cuándo y en qué condiciones sí consigue concentrarse?

☐ ¿Hemos aplicado medidas educativas de forma sistemática y durante un tiempo suficiente?

☐ ¿Las dificultades persisten después de aplicar estas medidas?


Este último aspecto es especialmente importante: Antes de preguntarnos únicamente qué le ocurre al alumno, debemos comprobar también qué podemos modificar en el entorno para facilitar su aprendizaje.


Para finalizar

Las dificultades de atención en Educación Primaria no se resuelven simplemente aumentando la exigencia, repitiendo constantemente “atiende” o prolongando indefinidamente el tiempo de trabajo.

Necesitan observación, estructura, acompañamiento, coherencia y refuerzo positivo.
Además, muchas de las estrategias que favorecen al alumnado con dificultades atencionales (instrucciones claras, anticipación, apoyos visuales, tareas organizadas, tiempos manejables y feedback frecuente) constituyen buenas prácticas educativas para todo el alumnado.

Desde el EOE seguimos apostando por una intervención preventiva, educativa e inclusiva, que permita observar las dificultades, introducir medidas ajustadas, comprobar su eficacia y valorar su evolución antes de adoptar decisiones de mayor alcance.

No se trata de exigir al alumnado que “preste más atención”, sino de enseñarle progresivamente cómo hacerlo y proporcionarle las condiciones necesarias para conseguirlo.



Referencias y recursos



  • Material elaborado por Carmen Lucía Reina Reina, orientadora y coordinadora del Equipo de Orientación Educativa de Estepa.
  • García-Madruga, J. A., Gutiérrez, F., Carriedo, N. y González, L. (2020). Psicología del desarrollo y de la educación: procesos cognitivos y aprendizaje escolar. Madrid: Alianza Editorial.
  • Marchesi, A. y Martín, E. (2019). Calidad de la enseñanza en tiempos de cambio. Madrid: Alianza Editorial.
  • Romero, J. F. y Lavigne, R. (2021). Dificultades de aprendizaje: detección, prevención e intervención educativa. Madrid: Pirámide.

21 septiembre 2026

Estimulación del lenguaje oral en Educación Infantil y Primaria: Propuestas prácticas desde el aula

 


Reseña resumen

Esta entrada ha sido elaborada por Sofía Ruiz Muñoz, maestra especialista en Audición y Lenguaje del EOE de Estepa. En ella se ofrecen orientaciones y propuestas prácticas para favorecer el desarrollo del lenguaje oral desde el aula, entendiendo la comunicación como una herramienta esencial para aprender, participar y relacionarse. Las estrategias planteadas tienen un carácter preventivo e inclusivo y pueden incorporarse fácilmente a las rutinas habituales de Educación Infantil y Primaria.

Introducción

El lenguaje oral es mucho más que aprender a hablar correctamente. Es una herramienta fundamental para comprender el mundo, expresar necesidades e ideas, relacionarnos con los demás, regular nuestra conducta y acceder a nuevos aprendizajes.

En el contexto escolar, además, buena parte de lo que aprende el alumnado llega a través del lenguaje: escuchar una explicación, comprender una instrucción, formular una pregunta, explicar cómo se ha resuelto un problema, contar una experiencia, participar en una conversación o argumentar una opinión son situaciones lingüísticas que se producen continuamente.

Por ello, estimular el lenguaje oral no debería limitarse a momentos específicos ni únicamente al alumnado que presenta dificultades. El aula constituye uno de los contextos más ricos para favorecerlo de manera natural y sistemática.

Desde el Equipo de Orientación Educativa proponemos una serie de estrategias sencillas que pueden incorporarse a la dinámica cotidiana del aula. El objetivo no es añadir una nueva carga de trabajo, sino aprovechar mejor las situaciones comunicativas que ya se producen durante la jornada escolar.


1. ¿Cómo podemos crear un aula que favorezca el lenguaje?

Antes de pensar en actividades concretas, es importante cuidar algunas condiciones básicas.

  • Ser un buen modelo lingüístico

El lenguaje del adulto constituye una referencia fundamental. Conviene utilizar un habla clara, frases bien construidas y un vocabulario variado y ajustado a la edad.

Esto no significa simplificar excesivamente nuestro lenguaje, sino ofrecer modelos que permitan al alumnado ampliar progresivamente sus propias producciones.

  • Dar al lenguaje una finalidad real

Hablamos para algo: pedir, preguntar, contar, explicar, opinar, negociar, resolver un problema o expresar cómo nos sentimos.

Las situaciones comunicativas con una finalidad auténtica suelen resultar mucho más enriquecedoras que aquellas en las que el alumnado simplemente responde a una pregunta cuya respuesta ya conoce el adulto.

  • Aumentar las oportunidades de participación

En ocasiones, dentro del aula hablan mucho unos pocos alumnos y otros apenas intervienen.

El trabajo por parejas, los pequeños grupos, las asambleas o las exposiciones breves permiten multiplicar las oportunidades reales de comunicación.

  • Crear un clima seguro

Para aprender a comunicarse hay que poder equivocarse. Interrumpir constantemente para corregir pronunciación, vocabulario o estructuras puede hacer que algunos niños y niñas reduzcan su participación.

Es preferible escuchar, valorar el intento comunicativo y ofrecer posteriormente un modelo correcto.

Por ejemplo:

Alumno: “Ayer andé al parque con mi abuelo”.

Adulto: “¡Ah!, ayer fuiste al parque con tu abuelo. ¿Y qué hicisteis allí?”

De esta manera corregimos indirectamente sin romper la comunicación.


2. Comprensión oral: aprender también significa saber escuchar

Comprender el lenguaje oral es imprescindible para desenvolverse en el aula. Un alumno puede tener dificultades para realizar una tarea no porque desconozca el contenido, sino porque no ha comprendido bien la consigna.

Podemos favorecer la comprensión mediante estrategias muy sencillas:

  • Dar instrucciones breves, claras y secuenciadas.
  • Dividir las consignas largas en varios pasos.
  • Acompañarlas de gestos, imágenes, ejemplos o demostraciones cuando sea necesario.
  • Pedir a algún alumno que explique con sus propias palabras qué hay que hacer.
  • Evitar preguntar únicamente: “¿Lo habéis entendido?”, porque la respuesta suele ser afirmativa aunque no siempre exista una comprensión real.

También podemos incorporar pequeños juegos de escucha: Simón dice, seguir consignas con movimiento, descubrir errores en una historia, identificar sonidos o realizar instrucciones encadenadas.

En Infantil pueden comenzar con órdenes de uno o dos elementos y aumentar progresivamente su complejidad. En Primaria podemos trabajar instrucciones cada vez más largas, explicaciones orales o pequeños textos que posteriormente tengan que resumir.


3. Expresión oral: necesitamos oportunidades para hablar

Para mejorar el lenguaje hay que usar el lenguaje.

Una estrategia sencilla consiste en sustituir algunas preguntas cerradas por preguntas abiertas. En lugar de preguntar:

“¿Te gustó el cuento?”

podemos plantear:

“¿Qué parte te ha gustado más y por qué?”

Las preguntas que comienzan por qué, cómo, por qué, para qué o qué pasaría si… favorecen respuestas más elaboradas.

También es fundamental respetar el tiempo de respuesta. Algunos niños necesitan unos segundos adicionales para organizar lo que quieren decir. Anticiparnos o terminar continuamente sus frases puede reducir progresivamente su iniciativa comunicativa.

Podemos establecer pequeños momentos cotidianos para:

  • contar una experiencia;
  • explicar cómo han realizado una actividad;
  • describir un objeto o una imagen;
  • formular hipótesis;
  • defender una opinión;
  • explicar a un compañero cómo se resuelve una tarea;
  • resumir lo aprendido al finalizar la jornada.

Hablar sobre lo que aprendemos también ayuda a aprenderlo.



4. Ampliar el vocabulario: aprender palabras para comprender mejor

Existe una estrecha relación entre vocabulario y comprensión. Cuantas más palabras conoce y comprende un niño, mayores posibilidades tiene de interpretar explicaciones, textos y situaciones.

No se trata únicamente de presentar listas de palabras nuevas. El vocabulario se aprende mejor dentro de un contexto y utilizándolo repetidamente.

Algunas propuestas son:

  • Introducir nuevas palabras relacionadas con los contenidos que estamos trabajando.
  • Explicar su significado mediante ejemplos cotidianos.
  • Buscar sinónimos y antónimos.
  • Clasificar palabras por categorías y campos semánticos.
  • Crear murales con la estructura imagen – palabra – significado – frase.
  • Recuperar posteriormente las palabras aprendidas para utilizarlas en otros contextos.

Los juegos tradicionales ofrecen numerosas posibilidades: Veo-veo, adivinanzas, palabras encadenadas, familias de palabras, “¿qué palabra sobra?” o categorías semánticas.


5. Aprender a organizar lo que queremos contar

En ocasiones encontramos alumnado que dispone de vocabulario suficiente pero tiene dificultades para organizar su discurso. Empieza una historia por el final, omite información fundamental o cambia continuamente de tema.

Esta capacidad también puede enseñarse.

Podemos utilizar estructuras sencillas como:

Inicio → desarrollo → final

o preguntas guía:

¿Quién? → ¿Dónde? → ¿Qué ocurrió? → ¿Qué pasó después? → ¿Cómo terminó?

Las secuencias de imágenes, fotografías, viñetas y organizadores visuales resultan especialmente útiles.

En Infantil podemos comenzar ordenando tres o cuatro imágenes y contando qué sucede. En Primaria podemos avanzar hacia narraciones, descripciones, explicaciones de procedimientos y pequeñas exposiciones orales.


6. Pragmática: aprender a conversar y utilizar adecuadamente el lenguaje

Saber hablar implica también saber cuándo hablar, cómo hacerlo y adaptar nuestro lenguaje a cada situación.

Estas habilidades sociales y comunicativas no siempre se adquieren espontáneamente y, en algunos casos, necesitan una enseñanza explícita.

Podemos trabajar:

  • respetar los turnos;
  • escuchar mientras habla otra persona;
  • mantener el tema de conversación;
  • utilizar un volumen adecuado;
  • pedir aclaraciones cuando no entendemos;
  • iniciar y finalizar conversaciones;
  • adaptar lo que decimos al interlocutor y al contexto.

Las dramatizaciones, juegos de rol, asambleas, debates guiados y actividades cooperativas ofrecen contextos especialmente adecuados para trabajar estas competencias.


7. Conciencia fonológica: jugar con los sonidos del lenguaje

La conciencia fonológica es la capacidad para reconocer y manipular los sonidos que forman las palabras y constituye una habilidad importante en el aprendizaje inicial de la lectura y la escritura.

Puede trabajarse de manera lúdica mediante:

  • rimas;
  • canciones;
  • trabalenguas;
  • segmentación de palabras en sílabas;
  • identificación del sonido inicial o final;
  • búsqueda de palabras que comiencen igual;
  • juegos de añadir o quitar sílabas;
  • repetición divertida de palabras y pseudopalabras.

En Educación Infantil estas actividades pueden incorporarse mediante juegos orales sin necesidad de convertirlas prematuramente en tareas escritas.



8. No necesitamos una “hora del lenguaje”

Una de las principales ventajas de estas propuestas es que no requieren crear necesariamente una sesión específica.

La estimulación puede integrarse en todas las áreas y momentos de la jornada.

En Matemáticas podemos pedir que expliquen cómo han resuelto un problema; en Conocimiento del Medio, que describan un proceso; después de un cuento, que anticipen qué podría ocurrir; al comenzar la mañana, que cuenten una experiencia; y al terminar, que expliquen qué han aprendido.

Es preferible realizar pequeñas actividades frecuentes y sistemáticas que una actividad extensa y aislada de vez en cuando.

La entrada, la asamblea, el trabajo cooperativo, los cambios de actividad y el cierre de la jornada son oportunidades naturales para hacerlo.


9. ¿Y cuando observamos dificultades?

Estas estrategias benefician a todo el alumnado y constituyen una importante herramienta preventiva. Sin embargo, no sustituyen una valoración o intervención especializada cuando esta resulta necesaria.

Conviene prestar atención cuando observamos, entre otras situaciones:

  • dificultades persistentes para comprender instrucciones adecuadas a la edad;
  • vocabulario muy limitado;
  • producciones orales excesivamente simples;
  • habla difícil de comprender;
  • dificultades importantes para narrar acontecimientos;
  • escasa iniciativa comunicativa;
  • problemas significativos para mantener conversaciones;
  • dificultades lingüísticas que interfieren claramente en los aprendizajes.

La presencia aislada de alguno de estos indicadores no implica necesariamente la existencia de un trastorno. Es necesario valorar la edad, la evolución, el contexto y el conjunto del desarrollo.

Cuando las dificultades persisten, la coordinación entre tutoría, familia y EOE permite analizar las necesidades y determinar las actuaciones más adecuadas.


10. El papel del EOE

Desde el Equipo de Orientación Educativa, y especialmente desde el perfil de Audición y Lenguaje, la actuación no se limita a intervenir cuando una dificultad ya está consolidada.

La prevención constituye una parte esencial de nuestro trabajo.

Entre las actuaciones que pueden desarrollarse se encuentran:

  • asesorar al profesorado sobre estrategias para favorecer el lenguaje;
  • facilitar materiales y propuestas prácticas;
  • colaborar en la identificación de señales de alerta;
  • orientar sobre las medidas educativas iniciales;
  • coordinar actuaciones entre profesorado y familia;
  • valorar la necesidad de otras intervenciones cuando proceda.

El objetivo es avanzar hacia aulas lingüísticamente enriquecidas, en las que todos los niños y niñas encuentren oportunidades para escuchar, comprender, expresarse y participar.


Pulsa la imagen para acceder al material

 

Checklist para el aula: ¿estamos favoreciendo suficientemente el lenguaje oral?

El material elaborado por Sofía incorpora una herramienta especialmente útil para el profesorado. Podemos utilizarla como una pequeña autoevaluación de nuestra práctica:

Comprensión: ¿damos instrucciones claras?, ¿utilizamos apoyos?, ¿comprobamos realmente la comprensión?

Expresión: ¿hacemos preguntas abiertas?, ¿respetamos el tiempo de respuesta?, ¿todos tienen oportunidades para hablar?

Vocabulario: ¿enseñamos palabras nuevas en contexto?, ¿volvemos a utilizarlas?, ¿jugamos con las palabras?

Discurso: ¿enseñamos a organizar relatos y explicaciones?, ¿utilizamos apoyos visuales?

Conversación: ¿trabajamos los turnos, la escucha y las normas comunicativas?

Conciencia fonológica: ¿incorporamos rimas, sílabas, sonidos y juegos de palabras?

No se trata de obtener una puntuación. El checklist pretende ayudarnos a detectar qué hacemos ya y qué pequeñas prácticas podemos incorporar. Muchas respuestas afirmativas indican que estamos construyendo un aula lingüísticamente enriquecida; pocas respuestas nos ofrecen una buena oportunidad para introducir progresivamente nuevas situaciones de comunicación.

Para terminar

Estimular el lenguaje oral no consiste en realizar ejercicios aislados, sino en crear oportunidades para comunicarse con sentido a lo largo de toda la jornada escolar.

Una pregunta abierta, unos segundos más para responder, una historia contada entre todos, explicar cómo hemos resuelto un problema o aprender una palabra nueva dentro de una conversación pueden parecer acciones pequeñas. Sin embargo, cuando forman parte de la práctica habitual del aula, construyen un entorno mucho más favorable para el desarrollo lingüístico.

Enseñar a escuchar, comprender, explicar, conversar y argumentar es también enseñar a aprender.



Referencias y recursos



Material de elaboración propia, elaborado por Sofía Ruiz Muñoz, maestra especialista en Audición y Lenguaje del EOE de Estepa, a partir de su experiencia profesional y de orientaciones y estrategias educativas para la estimulación del lenguaje oral en el contexto escolar.


14 septiembre 2026

Materiales de inicio de curso: Acción tutorial, atención a la diversidad y detección de indicios de NEAE



Os compartimos una serie de materiales y recursos elaborados y recopilados desde el EOE que pueden servir de apoyo a los centros y a los docentes en aspectos relacionados con la acción tutorial, la atención a la diversidad y la detección de indicios de NEAE.

La intención es facilitar el acceso a recursos prácticos y de consulta que puedan utilizarse tanto para la planificación de actuaciones como para dar respuesta a situaciones concretas que surjan en el trabajo diario con el alumnado.


1. Acción tutorial

Presentación que reúne materiales de apoyo a la función tutorial y orientadora. Incluye recursos relacionados con NEAE, convivencia, tutoría, educación emocional, protocolos y procedimiento de detección de indicios, además de enlaces a materiales y tutoriales de utilidad para el profesorado.

🔗 Enlace

2. Educación inclusiva y atención a la diversidad

Presentación de consulta sobre la respuesta educativa a la diversidad del alumnado. Recoge la fundamentación normativa, recomendaciones metodológicas y DUA, medidas generales, programas y medidas específicas de atención a la diversidad, orientaciones para alumnado NEAE y el protocolo de detección de indicios.

🔗 Enlace

3. Medidas generales para alumnado de Primer Ciclo de Primaria que inicia un proceso de detección de indicios de NEAE

Recurso interactivo elaborado en eXeLearning que parte de los distintos indicadores que pueden observarse en el alumnado —desarrollo cognitivo, psicomotor, sensorial, comunicativo y lingüístico, social y emocional, atención y concentración y aprendizajes básicos— y ofrece propuestas de medidas generales concretas que el equipo docente puede seleccionar y aplicar durante el proceso de detección.

🔗 Enlace

4. Procedimiento de detección de indicios de NEAE

Entrada específica del blog del EOE en la que se explica de forma secuenciada el Procedimiento de Detección de Indicios de NEAE en Séneca, sus diferentes fases, las actuaciones que corresponden al profesorado, tutoría, Jefatura de Estudios y Orientación, así como algunos aspectos importantes a tener en cuenta durante su tramitación.

🔗 Enlace

5. Blog del EOE de Estepa

Espacio de información y recursos dirigido a la comunidad educativa, en el que se van incorporando materiales y orientaciones sobre atención a la diversidad, orientación educativa, convivencia, desarrollo infantil, familias, salud escolar y otros temas de interés para los centros.

🔗 Enlace

6. Padlet del EOE de Estepa

Espacio en el que se encuentran recopilados y organizados diferentes materiales, documentos y recursos de consulta del EOE para facilitar su localización y acceso por parte del profesorado.

🔗 Enlace